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La arquitectura “antes y después del COVID-19”

La arquitectura “antes y después del COVID-19”

La pandemia de COVID-19 ha impulsado el cambio en casi todos los aspectos de nuestras vidas. Pero ¿qué significa eso para la arquitectura? He estado en mi oficina 135 de los 140 días desde que el gobernador de Connecticut Ned Lamont declaró que la “construcción” (y todos sus oficios constituyentes, incluido el “diseño”) es esencial. Durante dos meses estuve solo, luego vino un empleado durante uno o dos días al mes, luego otros, finalmente todos, pero la mayoría seguía trabajando desde casa. La oficina siguió funcionando.


Perdimos cero puestos de trabajo en esos 140 días y ganamos maravillosas nuevas comisiones. Nuestra oficina navega por aguas desconocidas pero me dedicado a la arquitectura durante más de 40 años. Esta pandemia no se trata solo de hacer frente, porque los medios y métodos de diseño, así como la construcción, en última instancia, no son de lo que se trata la profesión. La arquitectura es la manifestación de nuestra humanidad en los edificios, la forma en que ejecutamos esa misión ha cambiado radicalmente en los últimos 30 años, acelerándose en la última década. La pandemia de COVID-19 transformó por completo la base de todo ese trabajo.

Cuando la cultura cambia, ya sea voluntariamente o pateando y gritando, la arquitectura sigue naturalmente. Pero esta convulsión global actual puede imponer un replanteamiento completo de cómo la arquitectura se define a sí misma. Desde que se formó la Ecole des Beaux-Arts hace más de 150 años, existe un sistema de reconocimiento —profesional, estético, incluso teórico—, que reemplaza un sistema de gremios de maestros constructores. El mundo de la arquitectura se transformó en un “canon” reconocido que incorporó la educación, las organizaciones profesionales y el periodismo. Los últimos seis meses han interrumpido todos esos sistemas.

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Dos guerras mundiales, una pandemia anterior, incluso el cambio completo del mundo analógico de lo físico a la producción digital no cambiaron el criterio del éxito: la innovación en la forma construida tal como la definieron los arquitectos y se les impuso. Lo que evolucionó es el actual sistema que respalda un establecimiento de las arquitectura como bella arte que se publica y enseña desde la academia, reduciendo el porcentaje en la industria de la construcción que va muy por de bajo de lo mencionado anteriormente, lo que responde a la demanda como cualquier otra industria que fabrica productos.

Las reglas de infraestructura, presupuesto, clima, costumbres locales y código definieron los edificios vernáculos construidos con fines de lucro que dominan el paisaje, mientras que la delgada linea de la arquitectura de “vanguardia” autodefinida buscaba desechar esos criterios. Pero parece haber surgido otro segmento: la arquitectura “antes de COVID-19” y “después de COVID-19” que evalúa lo que realmente importa.

Ciudad de Dubái

Las respuestas fáciles para lo que es o no la arquitectura han sufrido cambios. No son solo las predicciones de Dead Typologies Walking (rascacielos sellados, planos de oficinas abiertas, interiores llamativos de restaurantes, etc.). La creencia de que el urbanismo era la verdad última e inevitable de hacia dónde se dirige nuestra civilización, por ahora, ha sido cuestionada. Pero lo que es más importante, también puede cuestionarse la constante realidad de la profesión de “hacer las cosas por quedar bien.”

Sentarme solo en mi oficina durante esos 135 días me obligó a pensar por qué hacemos esto, quizás el desempeño (como lo definamos) se está volviendo menos importante que los valores. ¿Cuál es nuestra motivación? ¿Qué estamos tratando de lograr, más allá de ganarnos la vida? Estas preguntas fundamentales tienen un efecto esclarecedor.

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Paul Goldberger, el crítico de arquitectura ganador del Premio Pulitzer, ve tanto el bosque como los árboles: “La pregunta ¿por qué construimos? siempre ha importado, incluso si parece que no lo es en momentos particulares, e incluso si a menudo nos ciegan ante las grandes preguntas las presiones frente a nosotros. Hay un proverbio judío maravilloso que dice algo así como: ‘Así como la mano cerca de tus ojos puede cegarte a la vista de la montaña más grandiosa, las presiones de la vida diaria nos ciegan a la grandeza y la belleza de la vida que nos rodea.’ Creo que ese es el punto: nos abruman los desafíos prácticos en la arquitectura, como en todo lo relacionado con la vida, y con demasiada frecuencia nos olvidamos de por qué lo hacemos, de por qué nos preocupamos y de por qué puede ser tan hermosa la magnífica vista porque la mano, sostenida desde cerca, nos bloquea el panorama.”

Si las motivaciones detrás del diseño adquieren un nuevo significado, ¿significan menos los concursos y otras formas de reconocimiento? Las escuelas de arquitectura se centran en la forma y la presentación, una tradición que puede tener una perspectiva diferente en el mundo de las clases de Zoom. Quizás nuestra capacidad para hacer que prácticamente cualquier cosa sea atractiva o “genial” se vuelva menos significativa en un mundo donde todo está siendo cuestionado.

Torre Reforma nominada a Mejor rascacielos

La mayoría de los arquitectos tienen que lidiar con las razones por las que la gente quiere construir y eso significa abordar los valores. “El ‘por qué’ del diseño siempre ha sido la motivación y la mayor recompensa final al hacer lo que hago, que es resolver un problema”, dice el arquitecto con base en Nueva York, Andrew Wilkinson. “La arquitectura como un arte práctico profundamente creativo no ha cambiado para mí en este mundo post-COVID, aunque pueda estar resolviendo diferentes problemas.”

En medio de las interrupciones impuestas por la pandemia, el arquitecto Leonard Wyeth ve continuidad. “Nuestro papel de interpretar cómo ocupamos el espacio, cómo interactuamos, nos reunimos, nos entretenemos, nos divertimos y confortamos mutuamente no ha cambiado. La capacidad de un entorno para ayudarnos a sentirnos seguros, levantar el ánimo, sacar la mano, mirar hacia adentro, involucrarnos con la naturaleza, inspirarnos por el asombro… todo sigue siendo fundamental para nuestro papel. El rendimiento es una línea base, los valores y la motivación son fundamentales para el arte de la arquitectura. El éxito requiere que sigan siendo inseparables.”

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Goldberger concuerda: “La verdad es que nunca se trata de una situación de ‘esto o lo otro’. Es una falacia pensar que la arquitectura solo sirve a necesidades prácticas y funcionales y por lo tanto, es mala, o solo aspira a hacer arte y por lo tanto, es buena. La mejor arquitectura siempre ha hecho ambas cosas, existe una arquitectura para cada cosa, eso no va a cambiar.”

Pod Vending Machine Skyscraper

Pero lo que ha cambiado profundamente, es la vida cotidiana. Los valores del culto a los objetos y a las celebridades, la fascinación del mundo arquitectónico por la novedad y la estética inventada, de repente parecen triviales cuando millones están preocupados por la supervivencia. La pandemia ha impactado a todos, las historias de proyectos cancelados son comunes, como lo son en cada recesión, pero para otros arquitectos el trabajo se ha disparado. La arquitectura, una empresa intensiva en capital, responde servilmente a la demanda, por lo que es fácil distraerse con la desesperación o la arrogancia.

Este momento de cambios intensos podría ser posible que los arquitectos se concentren en las razones por las que nos tomamos el tiempo (y el dinero) para diseñar algo más que lo necesario. La mentalidad anterior a COVID-19 permitió la ejecución de edificios como transacción, un intercambio de productos básicos. Ahora hemos tenido casi medio año para repensar ese enfoque. En un mundo transformado, donde todos se ven obligados a repensar todo, la arquitectura no es inmune a ver más allá de sí misma.

Escrito por Duo Dickinson | Traducido por Mónica Arellano
Texto recuperado el 25 de septiembre del 2020 de archdaily.mx