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El diseño arquitectónico y su impacto sobre la calidad de vida durante el confinamiento por COVID-19

El diseño arquitectónico y su impacto sobre la calidad de vida durante el confinamiento por COVID-19

La intención de realizar este texto surgió de la incertidumbre que generó el confinamiento en el hogar, que adoptamos como nueva forma de vida desde que la pandemia por COVID-19 comenzó.


Durante la pandemia por COVID-19 el número de personas con trastornos psicológicos y psiquiátricos ha aumentado debido al confinamiento. En algunos casos, el hogar que habitamos podría ser una pieza clave en el desarrollo de estos trastornos físicos y mentales, así como en el desarrollo cognitivo de sus usuarios. De igual manera sucede en casos donde personas con enfermedad crónica o adultos mayores tienen nuevas necesidades en la configuración de su hogar, pues el diseño tradicional de las casas que habitamos no permite adaptaciones que sean prácticas, es decir, que no requieran demasiada mano de obra, no generen altas cantidades de desperdicio en material, ni altos costos en remodelaciones. 

Antes que nada me parece importante definir el término de “confinamiento” aplicable a este artículo, para que todo lo escrito posteriormente se tome bajo el contexto correcto.

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Según un artículo publicado por la Universidad Privada del Norte de Cajamarca en Perú se entiende el confinamiento como “una intervención que se aplica a nivel comunitario cuando las medidas mencionadas anteriormente han sido insuficientes para contener el contagio de una enfermedad. Consiste en un estado donde se combinan estrategias para reducir las interacciones sociales como el distanciamiento social, el uso obligatorio de mascarillas, restricción de horarios de circulación, suspensión del transporte, cierre de fronteras, etcétera”.

Como se ha mencionado anteriormente, esta situación nueva y desconocida para la población contemporánea ha disparado los niveles de estrés y ansiedad en las personas, viéndose involucradas sus rutinas y sus relaciones interpersonales cotidianas debido a las medidas de prevención de propagación del COVID-19. Este aislamiento social tan prolongado, ha generado en los pobladores sentimientos negativos relacionados a la soledad por mantenerse separado de la familia durante tiempos largos,  angustia, desconfianza, vergüenza, culpa, ira y miedo generados por noticias, los altos índices de contagio, inseguridad financiera por pérdida de empleos y cierre de negocios o en caso contrario, trabajar y/o estudiar desde casa.

Todos estos factores y algunos otros que el lector desee agregar; pueden conducir a trastornos psicológicos, psiquiátricos y físicos que se complejizan en el caso de personas con dificultades cognitivas, aquellos que presentan carencias educativas y materiales, que ya se encontraban en condiciones de vulnerabilidad social por la informalidad o falta de trabajo, por la marginalidad en la cual se encontraban dentro de la sociedad, por su condición etaria o por las carencias de su vivienda. (UNESCO, 2020)

 

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El impacto físico y mental del aislamiento social ya ha sido estudiado anteriormente en diferentes grupos de personas, los patrones que han surgido de estos estudios pueden ayudar a entender el problema en cuestión:

Según Palinkas, cuando el período de tiempo del aislamiento está muy bien definido las personas lo soportan bastante bien hasta la mitad de dicho periodo, posteriormente experimentan emociones negativas que desaparecen cuando saben que su aislamiento está a punto de terminar y su estado de ánimo vuelve a levantarse con anticipación. En cambio, cuando esta fecha de término sigue indefinida la ansiedad y la angustia incrementa debido a la incertidumbre que afecta la sensación de libertad y es en esa vulnerabilidad, donde toman lugar los trastornos mentales y físicos.

Si bien los factores interpersonales son los principales causantes de la ansiedad que aqueja a gran parte de la población en el mundo, parece necesario también analizar la forma en que se vive el confinamiento, siendo el hogar el escenario del mismo. 

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Lo que ha llevado a los arquitectos, urbanista y diseñadores a preguntarnos, ¿es en realidad el hogar ese lugar que garantiza nuestra seguridad, comodidad y estabilidad? y ¿están nuestros hogares preparados para adaptarse a los espacios que demanda nuestra nueva cotidianidad?.

El columnista de la revista Arquine, Carlos Lanzúa habla en su artículo La oficina irrumpe en casa sobre las consecuencias a las que se someten los trabajadores al mudar la oficina al hogar, los costes económicos y cambios espaciales a los cuales se vio obligado a realizar por cumplir con su deber laboral. Ganzúa (2020) nos plantea las siguientes preguntas: 

¿Todos los trabajadores tienen el espacio necesario para poder trabajar desde casa?, ¿quién se hace cargo de la adaptación de estos espacios?, ¿quién se asegura de que nuestra oficina en casa cumple con la normativa vigente, que tenemos una silla operativa funcional y 500 luxes sobre la mesa?… 

Someternos al trabajo en casa durante el tiempo que se mantenga el confinamiento o como la nueva normalidad lo sugiere, para gran cantidad de la población equivale a trabajar bajo malas condiciones espaciales y ergonómicas donde además de tener que desenvolverse en espacios con dimensiones mínimas, carecen de ventilación e iluminación propias de una oficina, así como del mobiliario ideal para soportar largas jornadas laborales. Trabajar bajo estas condiciones con el paso del tiempo se traduce en síntomas como: fatiga, cefaleas, migrañas, irritación ocular, deficiencias visuales, incluso cuadros alérgicos y por supuesto contracturas musculares derivadas de las malas posturas.

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Cabe mencionar que estas deficiencias espaciales no solo se encuentran en pequeñas escalas como en la casa habitación, también en escalas mayores como las ciudades. Donde la falta de espacio se vuelve un factor determinante en el confinamiento como menciona Alejandro Hernández (2020) 

“…la separación mínima de metro y medio o dos que se nos pide guardar entre cada uno de nosotros al salir a la calle o estar en lugares públicos cerrados, plantea un problema casi metafísico: ¿de dónde sacamos el espacio que nos hace falta para ponerlo entre nosotros?” 

Dicho lo anterior, ¿por qué recae sobre los pobladores la responsabilidad social para evitar los contagios? 

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Ante esta situación tan repentina, parece más simple deshacerse de la culpa y asumir que son el contexto físico y social actual los causantes de que el problema del contagio prevalezca, ignorando la falta de responsabilidad y visión con la que fueron tomadas las decisiones en el pasado, decisiones que dieron pie a las normativas y costos que ahora rigen el diseño de las ciudades y casas habitación. Siendo entonces uno de los principales problemas a los que se enfrentan los pobladores; el alto costo del suelo y los aumentos en el costo de la vivienda que a su vez generan cierta exclusividad de la que gozan sólo algunos sectores sociales privilegiados, pues gran parte de la población debe atenerse a los servicios de vivienda de interés social donde los diseños espaciales de las casas se reducen exageradamente en dimensiones con el fin de cumplir con un programa arquitectónico específico que cumpla con los requerimientos mínimos necesarios para la vida familiar y las actividades cotidianas, es de esta forma como las decisiones del pasado impactan directamente sobre la vivienda y las dinámicas que se generan dentro. 

De esta forma retomando la pregunta tan certera que se hace Lanzúa, “Y si hay enfermedades derivadas del trabajo en casa, ¿quién las asume, el trabajador o el empleador?” 

Y si bien es labor de los arquitectos y urbanistas diseñar todo espacio que habitamos, es también responsabilidad del gobierno velar incansablemente por la calidad de vida de su población. Lamentablemente es aquí donde los colegas arquitectos se ven doblemente culpables por someterse a un sistema que devalúa la calidad de vida y sin oponer resistencia para hacer valer sus ideales existenciales de los que tanto alardeamos en la academia.

Finalmente una cosa sí es segura, que dentro de todos los cambios buenos y malos que sufrimos durante la pandemia por COVID-19, por fortuna el día de hoy salen a flote las innegables áreas de oportunidad que tienen no solo en cuestiones sociales y económicas sino hasta la forma de habitar cotidianamente, esto con el fin de que pueda ser expuesto y se  trabaje en propuestas que si bien, no lo solucionan al menos den pauta para vivir cambios que mejoren la calidad de vida de todos nosotros.

Por: Thania Escamilla Hernández

REFERENCIAS

  • Hernandez, A. (2020). El breve espacio. octubre 25, 2020, de ARQUINE Sitio web: https://www.arquine.com/el-breve-espacio/
  • Palomar, J. (2020). Un ataque a la salud pública. octubre 20, 2020, de ARQUINE Sitio web: https://www.arquine.com/un-ataque-a-la-salud-publica/
  • Lanzua, C. (2020). La oficina irrumpe en casa. octubre 20, 2020, de ARQUINE Sitio web: https://www.arquine.com/la-oficina-irrumpe-en-casa/
  • Tlapalamatl, E. (2019, Agosto). La arquitectura producto del cerebro. Contexto, Xlll, pp.61 – 72.
  • Pié, Ricard & Batalla, Monica & Rosa, Carlos & Claret, Josep & Porfido, Enrico & Nebot, Nuria. (2020). Arquitectura y salud. Aprendiendo de la enfermedad. 
  • Martinez, Sergio. (2012). Espacio Arquitectura y Cognición. Revista M. 9. 56-61. 10.15332/rev.m.v9i1.971. 
  • De La Fuente-Figuerola,V;  Sánchez-Villena, A. (2020, mayo 05). COVID-19: cuarentena, aislamiento, distanciamiento social y confinamiento, ¿son lo mismo?. Anales de Pediatría, Vol. 93, p.73-74. 2020, diciembre 11, Recuperado de .https://www.analesdepediatria.org/es-covid-19-cuarentena-aislamiento-distanciamiento-social-articulo-S1695403320301776
  • Pérez-Gay Juárez, F. , Reynoso Alcántara, V., Flores González. R., Contreras, C., López-Castro, C., Martínez, L. &TheCOVID-StressInternationalCollaboration (2020). Evaluación del Estrés frente a la Pandemia del COVID-19 en población mexicana. Reporte de los resultados de la encuesta global COVIDISTRESS.
  • Base de datos COVIDiSTRESS: COVIDiSTRESS global survey network (2020) COVIDiSTRESS global survey. DOI 10.17605/OSF.IO/Z39US, Retrieved from osf.io/z39us